Conversación unidireccional sobre un perro muerto
Oscuro. Suena un teléfono celular varias veces. El sonido se detiene y Tomás aparece en la pantalla. Contesta una voz femenina en off.
CARLA
Aló.
TOMÁS
Hola. Carla. Te estoy llamando porque…
Esta mañana… Ahora en la mañana estaba retrocediendo y tú sabes cuando me olvido de sacar los retrovisores por este estacionamiento de mierda y estaba apurado por la entrevista, por fin me concedieron una entrevista con la compañía que… Y había dejado la puerta abierta de la casa, solo hoy, te lo juro, porque… bueno.
Atropellé a Chocano. No lo vi, no lo vi, solo sentí un… Y salí del carro y estaba en el suelo pero ahí mismo lo llevé al veterinario, él estaba inconsciente pero lo metí al carro muy suave y no te llamé porque sabía que no tenía tiempo para y porque… y llegué, el veterinario lo vio y me dijo que…
Que, que no había esperanza, que mejor no forzarlo, algo así, no sé, que tuviésemos compasión y yo le dije que haga lo que sea para que no sufra y…
Se murió.
La puta madre. Lo atropellé. Atropellé a Chocano.
No sé, no lloraba así desde… Me hubiese gustado que… tú sabes, bueno. Perdón. Qué puedo decirte. Perdón. Perdóname. No sé qué decirte.
Es que… Es Chocano y es todo. Todo lo que se queda atrás. Y Chocano. Y hoy no paro de pensar en cómo era. ¿Cómo vivía? ¿Cómo lo hacía él, envejecer así, tan rápido, siete años en un año? O como me dijiste tú después de adoptarlo, que esa comparación no es muy humana, ¿no? que no son exactamente siete años sino que va cambiando, que hay como una gradación que tiene que ver con momentos, un poco como tú y yo, un poco como el primer año de relación que parecía un día y el año en que nos mudamos acá que parecieron siglos o este último año, los últimos meses, antes de que…
¿Tú crees...crees qué él se daba cuenta de las cosas? Seguro se daba cuenta de cosas, lo veíamos y oíamos gemir, roncar, bailar, oler los árboles, los libros… hasta lo vimos convulsionar esa vez, ¿te acuerdas? Pero… ¿tú crees que él se daba cuenta de cada cambio? ¿De cada momento? Que sintió cuando empezamos a dormir sin tocarnos y él se acurrucaba entre los dos, cuando veíamos una película por tercera vez, cuando dejaste de tomar, cuando yo empecé a llegar cada vez más tarde, y más...
¿Tú crees que nos sintió cambiar?
Yo nunca fui como él. Sí sabes, alguna vez me lo dijiste, hacia el final. Pero yo no había envejecido como en dos décadas y de repente—todo encima, así como una ola gigante de canas, kilos. Y la soledad. No puedo dejar de pensar y me acuerdo de cosas como esa vez de chiquitos en que me quedé clavado en una reja y me hice esta cicatriz (señala la parte interna del codo) y tú me llevaste una torta o algo así el día siguiente, o cuando conseguí trabajo y compré mi primera guitarra y lo conseguí y te compuse esa canción patética y hasta te la grabé en un cassette, nuestras acampadas adolescentes, los whiskies en taza, tú estudiando sin parar en mi cuarto para pasar el examen ese que nos cambió la vida y nos vinimos para acá.
Pero ahora lo que más me acuerdo es esa tarde en que adoptamos a Chocano. Estaba nevando, era noviembre y ese día fue en que decidí estar contigo para siempre.
Y ahora, justo antes de llamarte, estaba pensando en el fin de semana… bueno he pensado mucho ¿no?, pero estaba pensando en la vez en que fuimos con Chocano a la casa de tus papás, cuando lo llevamos hasta allá y él corría como loco por el jardín enorme hasta que se encontró con la perra de la vecina. ¿Te acuerdas? No volvió a salir de la casa hasta que nos regresamos. Mariconaso. Y tú te burlabas de mí por estar todo avergonzado con tus papás, y yo me burlaba de Chocano porque sí, porque siempre me burlaba, nos burlábamos y Chocano también, él se burlaba creo, a su manera. Ese mismo fin de semana él encontró la despensa de...y nos emborrachamos después de habernos pasado la tarde discutiendo sobre quién había ganado el juego ese que te regalé con dibujos y verdades o mentiras. ¿Te acuerdas de ese juego? ¿Cómo se llamaba? ¿Dónde estará? ¿Te lo llevaste con todas tus cosas? ¿Lo botaste o lo juegas con alguien más?
No sé… No sé qué hacer. Bueno, o sea sí sé, porque me dieron instrucciones, me dijeron, me dijo el veterinario. Me recomendó incinerarlo, cremarlo, dijo que es lo mejor pero hay que… claro, sé que tengo que hablarlo contigo y decidir qué…
Ya sé que hay que hacer cosas, ¿ok? Ya sé que tenemos que enterrarlo o… y sé que es mi responsabilidad… pero igual quería saber si tú… no sé, si tienes alguna opinión o… de repente incluso si quieres venir, si quieres despedirte bien, en persona, despedirte bien.
¿Sabes qué? ¿Sabes qué pasa? Pasa que me gustaría quedarme aquí, haciendo como si tuviera veinte y no tener que pensar en los planes, en los cambios, en las herencias, ni en los demás. Imagínate. Imagínate si hubiese un lugar donde pudiésemos entrar y quedarnos. Juntos. Tú y yo en una arruga en el tiempo, una playa al norte donde podemos echarnos y escuchar las olas y las risas, donde nadie nos conoce, donde somos humanos pero no tanto, donde Chocano sigue vivo y ladra feliz y solo estamos en el presente mientras los recuerdos se alejan como veleros, y hay sol.
¿A ti te pasó lo mismo, no? Por eso te fuiste así. Te pasó eso de no saber dónde estás parada ni por qué estás parada. Y te diste cuenta o decidiste que tienes que pararte en algún sitio pues, enraizarte de alguna manera, crecer con los pies en la tierra y dejar ir todo lo demás, todo lo que te drena, todo, la incertidumbre, las peleas, las botellas, yo. Sí. Sí, eso fue lo que pasó ¿no?
Estás llorando al menos.
Bueno, sé que entiendes lo que estoy tratando de decir. Imagino que entiendes porque ahora...ahora yo te entiendo y es como si todo, cada segundo del pasado y de nosotros fuese un peso demasiado pesado, un pasado...obeso. Y a veces siento que ojalá pudiera, de verdad que lo siento, pero no puedo. Ya no puedo. Como tú.
Y me da miedo que ahora que todo ese peso se tiene que ir, ya no voy a tener nada que cargar.
Ahora, justo mientras esperaba que le pusieran la inyección, yo no lo vi, esperé afuera. Igual era como si ya estuviese dormido y dije que no quería entrar. Pero me acordé cuando Chocano llevaba a su peluche ese, Zanahorio se llamaba, ¿no? Al que cargaba para todos lados, hasta que un día decidió que basta y lo lanzó por la ventana. Yo no entendí, pero tú sí, incluso lo celebraste porque sabías que, tarde o temprano, es lo que hay que hacer, tirar el peluche.
Ahora entiendo.
Bueno, no sé, tal vez entiendo.
Pero para entender bien, para entender por completo, necesito que me digas qué hacer. Dime qué hacer. Solo dime qué hacer, por favor. ¡Por favor! Solo dime. O ven, ven a enterrarlo conmigo, a llorarlo juntos… Necesito que…
Yo sé que la última noche me descontrolé. Tenías razón. Al final tenías toda la razón, y sé que romper la ventana y… y me arrepiento, he tenido tiempo, meses, y te lo juro que nunca me he arrepentido tanto de algo en mi vida. Me acuerdo cada mañana cuando abro los ojos, me despierto pensando en esa noche, Chocano ladrando como loco mientras yo gritaba y me vio acercarme a ti, empezó a aullar, vio que yo iba a… y yo con tanta rabia, más rabia que nunca pero él no me dejó, te defendió y me mordió y yo lo pateé y… y tu mirada, la puta madre, tu mirada. Y al día siguiente... la resaca, tú... todo tan rápido, llevándote tus cosas sin hablar, tú abrazando a Chocano, llorando, diciendo que me tengo que quedar con él, que no lo aceptaban en tu nueva casa, él y yo mirándonos sin saber cómo íbamos a hacer sin ti...Y ahora esto…
Ha sido horrible. He sido horrible. Sigue siendo horrible, y ahora todo es peor y… Necesito…
No sé. No sé cómo más pedírtelo. No...
Perdón. Perdón. No sé qué más decirte. No sé. Dime, pues. Por favor. Por favor. Dime algo. Lo que sea. Solo dime algo. Háblame. Contéstame. ¿Me perdonas?
(Oscuro.)